lunes, 30 de julio de 2018

Rose

La agitación a mi al rededor me hizo despertar aquella mañana. Abrí los ojos rápidamente. Casi había olvidado como hacía unos años me permitía el lujo de remolonear en la que era mi cama, taparme el rostro bajo al almohada y tirar de las mantas en pos de un mayor confort personal. Ahora, el estado de alerta debía ser el estado natural del ser humano. Y sentir movimientos a mi al rededor era razón suficiente para erguirse, dejar el sueño atrás y comprobar que ocurría. Por suerte, no sucedía nada.

El pabellón deportivo donde el grupo dormía era bastante grande y cálido, aunque tenía ya algunas goteras. La hilera de improvisadas camas, hechas con colchones abandonados y sábanas sucias, se extendía de lado a lado. La cama de mi lado, la de Nathan, estaba vacía. Y no solo la suya. La de la mayoría también, siendo únicamente ocupadas aquellas que pertenecían a enfermos, niños y ancianos. Por ello, me inquieté. No solo era una falta de respeto para la comunidad, sino una terrible vergüenza el haberse quedado dormida mientras que el resto de supervivientes ya trabajaba para los demás. ¡¿Como me había podido quedar dormida otra vez?! Aquella semana, ya me había ocurrido tres veces y no iba a consentir que ocurriese ni una sola vez más. 

Me puse en pie con rapidez, lo que hizo que se apoderase de mi cuerpo un leve mareo pasajero. Me reajusté la ropa en un intento de dar una mejor imagen, y por último, tome mi mochila y me la colgué del hombro. Pesaba poco, pues en su interior solo portaba un cuchillo, una cuerda y un pequeño trozo de venda. Intentando evitar las miradas indiscretas, caminé deprisa hacia el exterior del pabellón. Llegué a la salida bastante deprisa, pero justo antes de pisar el patio escolar y contemplar el edificio principal que componía nuestro refugio, una mano ancha y dura me tomó de un hombro y me detuvo. -¿Otra vez vagueando?- la voz grave y gutural de Nolan me traspasó los oídos de lado a lado, como una bala. Sentí un sudor frío recorrerme la espalda, a pesar de que en su tono de voz no hallaba irritabilidad alguna.
-Te prometo que no. Me he quedado dormida, eso es todo- me expliqué de forma acelerada y nerviosa, evitando mirarle a la cara. Nuestro líder era un tipo imponente y carismático, lo suficiente como para ser respetado por todos. Sin embargo, yo apenas le conocía aún. De ahí a que la confianza entre ambos fuese muy escasa.
-¿Y no es quedarse dormida un sinónimo de vaguear?- preguntó de nuevo, esta vez, retirando su agarre. Cuando apartó la mano, sentí que me quitaba muchos kilos de encima. -¿Te encuentras bien? ¿Duermes bien?- su tono de voz cambió completamente, volviéndose bajo y calmado.
-Absolutamente- respondí, ésta vez, mirándole a los ojos. En su mirada quedaba un deje de preocupación. Preocupación por su gente. Quizás eso era lo que hacía que los demás quisieran seguirle.
-Está bien. Procura que no vuelva a pasarte. Nathan está limpiando armas en el patio- informó
-¿Por qué me lo cuentas?-
-Pensé que te interesaría saberlo. A fin de cuentas, él y tú... habéis hecho buenas migas- sonrió alzando una ceja. Aquel sencillo gesto hizo que me sonrojase -Conste que me alegro. Relacionarnos, volver a ser quienes eramos, retomar nuestros hábitos y nuestras costumbres... es todo lo que necesitamos ahora- terminó por decir. De nuevo, alzó la mano, pero aquella vez sólo para darme dos pequeños y leves golpes en el hombro -Anda, movilízate-

Caminé a paso acelerado por el patio, intentando que nadie me señalase por no estar ya ocupada en alguna tarea a aquellas horas. Mientras caminaba, me permití contemplar una vez más la estructura de aquel lugar. Aquel enorme patio rodeaba por completo tanto el pabellón como la escuela. Aunque se encontraba sucio y lleno de malas hiervas, aún se podía contemplar en el suelo pintadas hechas con tizas de colores, lápices y rotuladores rotos y malgastados, además de algún que otro papel roto lleno de dibujos. Durante los meses que había estado habitando allí, siempre me imaginaba como fue el último momento en el que aquel lugar fue usado como lo que realmente era y no como un refugio. Imaginaba algún niño jugando en las canchas de baloncesto,  o leyendo libros sobre los bancos de piedra o tratando de hacer pellas y escapar por las murallas que ahora se hallaban reforzadas con múltiples alambres y estacas. De alguna forma, debía ser una suerte que la escuela se encontrase clausurada en el momento en el que el aviso del gobierno se emitió por todos los canales de radio y televisión. No podía imaginar el horror que sería para un niño encontrarse sumido en una catástrofe dentro de una escuela, sin sus padres, sin su familia. Sobretodo, siendo alguien tan importante...

A pocos metros de distancia, divisé a Nathan ocupado con una escopeta sentando sobre un banco. Su rostro de concentración hacia que las cejas se le uniesen y algunas arrugas se acentuasen en su entrecejo, haciéndolo mucho más atractivo a mi vista. Sus manos duras trabajaban con mimo sobre aquella herramienta tan deseada por todos los supervivientes, como si se tratase de una amante. Su posición ligeramente curvada dejaba ver la anchura de sus hombros, lo que hizo que mi imaginación se perdiese por completo durante unos instantes. Nathan... ¿Qué haría yo sin él? Mi presencia le alertó cuando estuve cerca. Alzó la vista y sonrió, haciendo que no echase de menos al sol que se hallaba oculto entre nubes. -Buenos días bella durmiente-
-Oh, cállate. Nolan ya me ha reprendido por eso- confesé con vergüenza, sentándome junto a él.
-No me extraña. Con ésta ya he limpiado seis armas. Ese de allí, Nick- señaló con el dedo a un hombre de pelo negro y rizado -Ha cultivado ya todas las semillas de naranjas que nos comimos todos ayer. Y aquella mujer de allí, que no recuerdo como se llama- señaló a una mujer de pelo canoso, que cargaba una cesta de mimbre -Ha repartido el desayuno a todos. A los veinte. Es decir, a los diecinueve. Tú seguías dormida mientras los demás trabajaban- sonrió. Yo me permití darle un leve golpe en el pecho, en señal de protesta, lo que provocó que soltase una carcajada.
-No lo hago queriendo. Además, tu podrías haberme despertado cuando lo hiciste-
-¿Y hacer desaparecer ese rostro de angelito al que se le cae la baba de entre los labios? Ni hablar- respondió. Yo bufé y miré al frente, negándome a seguir con aquella conversación. Aprovechando el silencio, Nathan llevó las manos hacia su derecha y tomó una pequeña caja de zapatos. No había reparado en ella antes, pensando que se trataba de una caja con material para guardar cosas para limpiar las armas. Sin embargo, me la tendió y cuando la abrí, encontré un pedazo de carne asada. Presumiblemente de conejo. -No sabía donde guardar el pedazo. Pero mejor aquí que dejarte sin desayuno- explicó. Sonreí complacida ante aquel detalle, de manera que tomé el trozo de carne y me lo llevé a los labios para darle un mordisco. Sin embargo, el intenso olor del alimento hizo que me detuviese y compusiese un rostro asqueado. -¿Qué ocurre?-
-¿No huele... un poco fuerte?- pregunté, acercando el pedazo de carne a su nariz. Nathan la olió pero no pareció molestarse.
-No. Puede ser que esté algo cruda, pero no me huele en absoluto mal-
-¿En serio?- pregunté desconcertada. Me llevé de nuevo el pedazo de carne a la boca, pero no pude ni tan siquiera rozarlo con los dientes -No... No puedo comerlo-
-¿Qué?-
-En serio, no puedo. Se me revuelve el estómago sólo con olerlo. Cómetelo tu si quieres- se lo ofrecí
-¿Y no vas a comer nada?-
-La verdad es que no tengo demasiada hambre. No te preocupes- añadí, poniéndome de nuevo en pie -Oye, voy a ver que puedo hacer hoy. Quizás me necesiten para reparar algo o cocinar. No quiero seguir sin hacer nada-
-De acuerdo, pero ¿Vendrás conmigo luego? Hoy hay que salir para buscar materiales. Hay cosas que empiezan ya a escasear y otras que estaría bien encontrar. Vamos a ir en grupos de cinco ¿Cuento contigo?-
-Claro- sonreí. Antes de marcharme, me incliné y le ofrecí un corto beso en los labios, el cual duró incluso menos de lo esperado. Sin decir nada más, me encaminé hacia la escuela en dirección al comedor. ¿Qué haría yo sin Nathan?

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