jueves, 2 de agosto de 2018

Nathan

La noche nos engullía lenta pero incansablemente mientras nos abríamos camino a través de árboles y caminos, piedras y senderos. Rose me seguía visiblemente nerviosa y yo no soltaba el arma, que portaba constantemente en las manos preparado para disparar en cualquier momento si era necesario. Cada paso que dábamos era lento y meditado. Tratabamos de pisar la menor cantidad de hojas, rocas y retazos de ramas posible, al igual que aguzábamos el oído en caso de que algo o alguien nos acechara en mitad de las sombras.
Tras largo rato de caminata, Rose me alcanzó poniéndose completamente a mi lado. Me aferró de la manga y me tiró suavemente, lo suficiente para que la mirase y me detuviese en el camino -Nate... ¿Tienes la menor idea de hacia dónde vamos?- preguntó
-Claro que sí- asentí -Vamos de vuelta a Oeka, el pueblo- ella me miraba con rostro angustiado
-Nate...- tembló -¿Te has vuelto loco?-
-Escúchame Rose...- suspiré, colgándome el arma del hombro para poder agarrarla de los hombros con suavidad, acariciándola, para que se tranquilizase un poco -Vamos en dirección a Oeka por una sencilla razón: sufrimos una emboscada de susurradores allí. Lo cual significa que, cuando despierten al amanecer o incluso dentro de un rato si alguien percibe que no estamos, o encuentran al guardia inconsciente, no nos seguirán. Puede que nos busquen, sí, pero no vendrán a Oeka. Pensarán que no somos tan idiotas-
-Y lo estamos siendo- frunció el ceño -Estás queriendo ir hacia allí-
-Piensa Rose... ¿Cuantas veces has visto susurradores en el mismo sitio durante un tiempo prolongado?- sonreí ligeramente, para que me comprendiese
-Mmm...- meditó un instante -Tienes razón...- me miró -Pero aún así...- yo sabía que tenía razón. Tras dos años con constantes huídas de esos monstruos, había tenido tiempo de observarlos muy ligeramente. Se guiaban por un instinto depredador bastante llamativo, eran bestias aún siendo cadáveres reanimados por sabía Dios cualquier broma del destino. Buscaban presas, seres vivos aunque les valían también los muertos. Se alimentaban de ellos, los desfiguraban, los devoraban hasta puntos aleatorios; a veces casi dejaban sólo huesos y en otras ocasiones simplemente asesinaban como si fuese deporte y daban un par de bocados. El caso, era que ese comportamiento depredador les llamaba a moverse, a buscar presas. Y donde había habido presas una vez, nunca volvían. Porque los humanos siempre hemos sido estúpidos, sí, pero hasta cierto punto. Tropezar con la misma piedra, tal vez. Tropezar dos veces con los mismos muertos vivientes... no. Y ese, precisamente, era mi plan. Aprovechar ese comportamiento desarrollado por nuestro miedo a volver a encontrarlos. Me jugaría la mano a que no estaban allí
-Confía en mí ¿sí?- pregunté besándole la frente -Sabes que nunca te falaría ¿Verdad? Ni te llevaría por caminos peligrosos, ni equivocados- ella asintió despacio
-Sí...- sonrió tristemente -Tienes razón-

Llegamos a Oeka a altas horas de la noche, en pleno auge de la madrugada. Allí sólo reinaba el silencio. Apenas sí se oía cantar algún grillo lejano y todo, absolutamente todo, estaba envuelto en la más profunda oscuridad. Encendí una vieja linterna que me había apropiado en el asentamiento antes de escapar. Iluminé con cuidado los alrededores. Rose se encogió a mi lado, temiendo ver algo que no querría ver -Dios...- musité
-¿Qué? ¿Qué pasa? No, espera. Mejor no me lo digas- se autocorrigió, no mirando en mi dirección
-Puedes mirar- dije simplemente y ella lo hizo. Con el haz de la linterna recorrí un camino de sangre en el suelo hasta donde acababa en un gran charco ya seco
-¿August...?- me preguntó, mirándome
-Ahí debió morir- asentí -Intuyo que el rastro de sangre es suficiente para indicar que arrastraron el cuerpo a saber dónde-
-Joder...- se llevó la mano a la boca, quizá por aprensión o para reprimir las ganas de vomitar
-Busquemos dónde dormir-
-Definitivamente no estás bien, Nate- se quejó -En este lugar mataron a nuestros compañeros. Vamos a dormir sobre sus tumbas ¿Eso es lo que me estás queriendo decir?-
-Rose, he tenido razón- apunté a todas partes con la linterna -No hay nada. Nadie. Ni un susurrador- ella siguió la luz con la mirada -Este es ahora mismo el lugar más seguro. Necesitas descansar. Debes descansar-
-Pero...- estaba visiblemente cansada, pero comprendía su temor
-Escúchame cielo- le tomé el rostro para que me mirara -Vamos a buscar un lugar. Vas a dormir y yo haré guardia- sonreí
-Pero tú también debes descansar...-
-Lo haré en un lugar más alejado ¿de acuerdo?- asintió. Y con ello tuve suficiente.

Amaneció por fin. Las primeras luces del alba fueron la clara señal de que debíamos ponernos en marcha. Desperté a Rose con suavidad para no sobresaltarla. Ojalá hubiese podido dejarla dormir mucho más, pero debíamos alejarnos cuanto antes. Habíamos pasado la noche en una de las casas donde, aparentemente, no hubo ningún festín por parte de los susurradores, de manera que eso sirvió de alivio moral para la chica para descansar con mayor seguridad. En cuanto estuvo lista y más espabilada, nos dispusimos a marchar.

Caminamos durante unas horas siguiendo el curso de uno de tantos ríos que había en la zona, esperanzado, por mi parte, de encontrar algo que llevarnos a la boca. Sí, me preocupé por robar alguna ración, pero consideraba que debía guardarlas por si acaso sufríamos mayores percances. No encontramos ninguna novedad, ni ninguna clase de peligro adicional durante todo el transcurso del viaje. Realmente parecía mentira, una vez más, que vivíamos la vida que vivíamos -Este lugar es increible- dije, de pronto. Rose se echó a reír -¿Qué te parece tan divertido?-
-Recuerdo que hace unos meses me dijiste que odiabas este sitio- comentó divertida, visiblemente más descansada
-Las cosas mejoran y tienen un mejor aspecto. Mírate, si no- le guiñé el ojo y ella me sacó la lengua cun furia
-Eres tonto, definitivamente- reí ante aquellas palabras
-¿Qué haces entonces conmigo, aquí?- contraataqué
-Porque eres tonto, pero eres mi tonto. No voy a dejarte solo. Aunque tontito, cuidas bien de mí y me haces feliz en este mundo de mierda- concluyó con asco
-Eh, esa lengua- bromeé

Nos detuvimos de nuevo al cabo de, aproximadamente, media hora más. Rose estaba más descansada pero yo no, de manera que empecé a sentir la fatiga del cansancio escalando sobre mi cuerpo. Decidimos asentarnos un instante en la orilla del río, sentados sobre las piedrecitas que lo decoraban. El agua fluía clara y cristalina, bajando de las montañas de cumbres todavía blancas por la nieve remanente. Pronto llegaría el verano y la belleza del paisaje cambiaría ligeramente. Era una lástima -Deberías dormir un poco- señaló Rose
-Realmente no tengo sueño. Sólo quiero descansar un poco- suspiré, estirando las piernas -Joder... ¿Por qué teníamos que tener monstruos pululando por todas partes? Susurradores, esos extraños espectros que apenas he llegado a ver ligeramente alguna vez...- negué con la cabeza -¿No era bastante con la propia humanidad?- reflexioné
-¿A qué viene eso ahora?- preguntó Rose ajustándose una bota
-Supongo que... Bueno, ver la naturaleza tan salvaje de este lugar me hace pensar. Odio no poder relajarme del todo sabiendo que pueden aparecer esos seres en la mínima que nos descuidemos. Un humano siempre es más ruidoso. No somos tan perfectos depredadores...- mascullé
-¡Oíd! ¡Disculpad!- la voz extraña nos asaltó desde la espalda. Automáticamente, ambos nos pusimos en pie. Cogí la escopeta y apunté en su dirección. Rose echó mano al machete a toda velocidad, aunque le temblaba la mano un poco. Y sí, pretendí fingir seguridad, pero a mí también. Y las piernas. Y el alma ¿Nos habían encontrado? Querrían venganza, seguramente -¡Eh, vosotros dos, perdonad!- la voz no era reconocible, pero me puse ante Rose por si acaso llevaba un arma de fuego. Entonces, de la espesura salió un hombre de mediana edad con pelo y barba canosa. Tenía la voz grave y pinta de borracho, pero parecía estar lúcido -Vengo en paz, vengo en paz- alzó las manos con velocidad
-¿Quién eres? ¿Qué coño quieres?- pregunté, agresivo
-Cuidado...- musitó Rose
-Me... Me llamo Kurt. Kurt Mendel- dio un paso con cuidado
-Quieto, viejo. Te volaré la tapa de los sesos en un abrir y cerrar de ojos- advertí
-No hay necesidad de ser tan agresivo... S-sólo busco ayuda. Por favor-
-¿Qué ocurre?- preguntó Rose
-No- negué, dando un paso al frente -Da media vuelta y desaparece. Ya- ordené
-Por favor...- suplicó -Mi mujer está enferma. Se muere-
-Todos morimos alguna vez-
-Nate...- Rose me miró con desaprovación. Quizá pensó que estaba siendo demasiado duro con un hombre que estaba muy cerca de la ancianidad
-S-sé que estamos en un mundo jodido, muchacho. Mira, yo... yo... yo comprendo tu miedo. Estoy desarmado ¿ves?- giró sobre sí mismo -Y... y esa chica, que está contigo... ¿Es tu novia? ¿Tu mujer? Da igual, es tu compañera ¿no?-
-¿A ti qué te importa? Cuento tres antes de abrir fuego- advertí de nuevo
-¿Si fuera al reves esta situación no suplicarías por su vida?- pidió -Por ayuda para poder salvarla-
-¿Qué necesitas tú de nosotros?- pregunté, ya guiado por la curiosidad. Y quizá un poco por algo de lástima. Rose tampoco parecía demasiado decidida a atacarle
-Está débil. E inválida. Apenas puedo moverla. Necesitamos desplazarnos a un lugar cercano. Llevo días dando vueltas por si encontraba a alguien que pudiera ayudar. No puedo llevarla por este terreno. Tampoco dejarla sola para buscar comida. Estoy desesperado. Vosotros sois jóvenes. Os suplico compasión. No necesitamos escolta, no hace falta que gastéis vuestros recursos en nosotros. Solamente acompañadnos, ayudadme a sortear los peores obstáculos- suplicaba casi en voz en llanto
-¿Hacia dónde vais?- preguntó Rose
-Queremos bajar. Dejar esta zona boscosa y montañosa del todo. Llegar a la ciudad-
-Milicah está muy lejos- no bajé el arma ni por un instante
-Este lugar no es para un matrimonio impedido- agregó -Como digo, no pido por escolta. Sólo un poco de compañía para sortear los peores declives que mi cuerpo ya no resiste  a soportar. Por favor. Por favor. Sois las únicas personas que he encontrado en estas semanas, meses- declaró. Sentí la mirada de Rose clavada en mí
-¿De verdad vas a fiarte de él?-
-Tú dirás- dijo ella -Para mí no es diferente de los del asentamiento. Pero es un hombre mayor... ¿y si está en lo cierto? ¿Vamos a dejar que mueran de hambre? ¿Incapaces de huir?- la miré
-No quiero ponerte en riesgo-
-Sólo me pregunto si...- suspiró -...si debemos negar la ayuda cuando, seguramente, la necesitaremos en algún momento- se disparó una veloz mirada al vientre -Además, si es por movernos, quizá podríamos dejar estos bosques con ellos... Buscar un lugar mejor en Milicah, o dejar el estado...- enumeró
-...Está bien- dejé de apuntar, alzando el rifle -Guíanos, viejo-
-Kurt. Kurt, por favor. Mi mujer se llama Dalilah-
-Yo soy Rose y él es Nathan-
-Sois encantadores. Y las mejores personas que he conocido desde hace dos años. Por favor, venid. Iré delante. No os preocupéis. Estaré a la vista para que veáis que no hago nada extraño- esperaba, de todo corazón, que no intentase hacer nada raro...

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